Músicos

Ser Músico Católico

Músico: Persona que compone y ejecuta piezas musicales. En el caso de que componga piezas se habla de un compositor, mientras que quienes ejecutan pueden ser instrumentistas (como guitarristas, violinistas, violonchelistas y pianistas, por ejemplo), cantantes, directores de orquesta, etc. También son músicos quienes realizan arreglos musicales y orquestaciones. En la música popular son frecuentes los cantautores, quienes crean e interpretan canciones.

Artista: Persona que realiza o produce obras de arte. La noción de arte varía según la sociedad, pero al artista se le atribuyen tres características. Se suele distinguir entre la aptitud artística, el talento y la genialidad.
La aptitud artística es considerada una disposición o capacidad, natural o adquirida, para producir un tipo especial de objetos considerados artísticos. Como todas las aptitudes, la aptitud artística se educa y se desarrolla a través de una aplicación constante.
Cuando se trata de talento, hablamos de una aptitud poco frecuente, que distingue y singulariza a quien la tiene. Normalmente el talento se atribuye a los artistas con cierto reconocimiento social que han conseguido un estilo o manera propia de hacer las cosas.
La genialidad se refiere a una aptitud de carácter superior: aquella de la que está dotada una persona con una gran capacidad de invención, de organización, de creación. El artista genial es aquel cuyas obras llevan un sello tanto personal como universal. Se considera que sus obras influyen sobre la sociedad y la cultura a la que pertenece.

Ahora bien, para el mundo (entiéndase los que no viven la vida bajo la moral inculcada por Cristo), un artista es una persona de éxito, con obras que a todos gustan, y que le generan grandes ingresos. Siendo así, a nosotros no se nos considera “artistas” porque nuestra música no es comercial, pero eso no es importante. Algunos no nos consideran ni siquiera “músicos” porque no tenemos esa vida mística y perdida, esa sombra que suele acompañar el actuar del “artista” como el mundo lo define. O simplemente porque no nos enseñó una academia a cantar y tocar, sino que aprendimos por amor.

Lo cierto es que toda manifestación de arte debe ser para la Gloria de Dios. La música fue creada para alabarle, la danza, igual. Las artes plásticas y escénicas… todo para representar las grandezas de Dios. Que el mundo haya tomado estas manifestaciones para ponerle otro mensaje, a veces acorde (amor, amistad, valores, etc.), a veces contrarios (sexo, drogas, etc.) no significa que los que interpretamos, hacemos, vivimos y respiramos música de alabanza, adoración y litúrgica seamos de menor calidad que los demás. El profesionalismo normalmente viene acompañado de ingresos por el arte. Pero un profesional es alguien que toma en serio su labor, pone el ciento por uno, y en nuestro caso, la recompensa que esperamos nos seguirá esperando en el cielo, pues se trata de acumular tesoros allá arriba.

Soy músico católicoSoy artista católico. Títulos que me identifican y definen mi misión y labor en la Iglesia. Pero el “título” que realmente me define es que SOY, POR MISERICORDIA, HIJO DE DIOS. Y trato de cumplir el mandato de ir por todo el mundo a anunciar el Evangelio, de poner a trabajar mis talentos (que no son míos, son prestados). Así, el que me escuche, no me escuche a mí sino al dueño del talento, al que inspira mi canto, a Aquel a quien alabo. A esto llamo “el don de la desaparición”, que ya no sea yo quien canta, sino el Espíritu Santo. Si no logro esa distinción, si quien me escucha me oye a mí, entonces seré músico, seré intérprete, pero no un músico católico como debo ser, no un alabador como estoy llamado a ser. Y en ese error caigo de vez en cuando.

Pero el Señor, por Su Gracia y Misericordia, me colma de humildad y salgo del error… vuelve a encontrarse a Dios a través de lo que hago. Soy, pues, simplemente un tubo a través del cual baja el Agua Viva… y debo tener el cuidado de mantener limpio el canal, porque si no, bajará el Agua Viva pero no vendrá del todo pura, pues mi testimonio de vida la opacará si no soy quien estoy llamado a ser.

No quiero ser malinterpretado. No quiero dar a entender que para ser músico católico es requisito aprender solo, no estudiar la música. Muy por el contrario: considero que si alguien quiere dedicarse de lleno a esto para Dios, debe prepararse adecuadamente. No sólo en el área espiritual, que es la fuente de lo que se hace, sino en el área musical y técnica también. Hay tantos y tantos grupos y solistas por ahí que no les importa en lo más mínimo la afinación o aprender más sobre el instrumento que ejecutan, porque dicen que “para Dios todo es bonito”. Y sí… pero… si realmente lo hacen para Dios, ¿no sería bueno darle lo mejor que uno puede dar? ¿No sería lo mejor ser la persona más lejana a la mediocridad que pueda ser? Claro, todo esto lejos de caer en vanagloria o soberbia, que tanto nos perjudican y que terminan alejando a las personas para quienes el mensaje de Dios va dirigido. Siento que se debe buscar un equilibrio entre lo que Dios quiere de uno (cuando nos dice que pongamos a trabajar nuestros talentos) y lo que Él a manos llenas nos regala (inspiración).